Recursos para analizar Poesía


FUNDAMENTOS FONÉTICOS Y FONOLÓGICOS DE LA MÉTRICA ESPAÑOLA.

La poesía:    Es la expresión de la belleza por medio de las palabras, ya sea en prosa o en verso.
La prosa:     Definimos como prosa la forma natural del lenguaje para expresarnos. Trasladada a la escritura, la reconocemos como todo texto escrito de la misma manera que hablamos, respetando todas las reglas y normas ortográficas existentes.
La métrica:   Es la parte de la Gramática que estudia los elementos del verso, de su construcción y de sus  combinaciones. Las unidades métricas son: la sílaba métrica, el grupo fónico, el verso, la estrofa y el poema.
La sílaba métrica y el grupo fónico:    Son las unidades métricas menores, y en ellas se basan los ritmos de cantidad, intensidad y tono. Con ellas se constituyen el verso.
El verso:      Es el conjunto de palabras sometidas a medidas, ritmo y rima. Si tenemos una visión elemental de él, lo reconoceríamos visualmente en la escritura por su disposición en la página; las líneas no está totalmente ocupadas por las palabras. Llamamos verso a cada línea escrita de un poema. Es la unidad métrica menor con independencia poética. Su descripción y clasificación se hace de acuerdo al número de sílabas métricas que lo componen, como primer criterio, y a la distribución acentual, como segundo criterio.
                    Atendiendo al primer criterio, los versos de la poesía española, se clasifican de la siguiente manera.
Versos de arte menor:    Son los compuestos por ocho sílabas métricas o menos. Pueden ser:
·         Bisílabos:    2 sílabas. Son poco frecuentes en la literatura española, aunque fueron más utilizados en la época del Romanticismo, en combinación con otros tipos de versos.
·         Trisílabos:    3 sílabas. Al igual que el anterior, es poco frecuente. Se ha utilizado principalmente desde el siglo XVIII hasta la actualidad, combinado con otros tipos versos.
·         Tetrasílabos:    4 sílabas. Se ha utilizado desde la Edad Media, solo o combinado con otros versos, principalmente con versos de ocho sílabas en estrofas de pie quebrado.
·         Pentasílabos:    5 sílabas. También han sido utilizado desde la Edad Media, combinado con otros tipos de versos, y a partir del siglo XV de forma independiente.
·         Hexasílabos:    6 sílabas. Se utiliza desde la Edad Media en composiciones populares.
·         Heptasílabos:    7 sílabas. En la época del Renacimiento se utilizó frecuentemente combinado con versos de once sílabas. En el siglo XVIII también fue muy empleado.
·         Octosílabo:    8 sílabas. Es el verso más abundante en la poesía española. Se ha utilizado desde el siglo XI a la actualidad ininterrumpidamente.
Versos de arte mayor:    Versos de nueve sílabas métricas o más. Pueden ser:
·         Eneasílabos:    9 sílabas. Aparece en estribillos de poemas y canciones populares de los siglos XV al XVII, aunque su empleo aumento en los siglos posteriores.
·         Decasílabos:    10 sílabas. Es de uso poco frecuente, y se utiliza en combinación con otros tipos de versos.
·         Endecasílabos:    11 sílabas. Antes del siglo XVI se utilizaba esporádicamente en España. Pero a partir de entonces adquiere gran importancia, al adaptarse a la poesía española el endecasílabo italiano, convirtiéndose en uno de los más utilizados en toda la poesía castellana. Existen distintos tipos de endecasílabos, según la posición en que se encuentren los acentos no estróficos (el estrófico va siempre en la sílaba décima): el endecasílabo sáfico (lleva acentos en la 4ª y 6ª u 8ª sílabas), endecasílabo melódico (lleva acentos en 3ª y 6ª sílabas), endecasílabo heroico (lleva acento en 2ª y 6ª sílabas), endecasílabo de gaita gallega (lleva acentos en la 1ª, 4ª y 7ª sílabas), etc... Ej:
Sáfico:    Cuando me paro a contemplar mi estado
Heroico:    A Dafne ya los brazos le crecían
Melódico:    Y la furia del mar y el movimiento
·         Dodecasílabos:    12 sílabas. También se llamó verso de arte mayor, y fue muy utilizado en los siglos XIV y XV. Normalmente es un verso compuesto de dos hemistíqueos de seis más seis sílabas, o de siete más cinco sílabas, separados por una censura.
·         Tridecasílabo:    13 sílabas. Poco frecuente.
·         Alejandrino:    14 sílabas. Es el verso por excelencia del Mester de Clerecía (siglos XIII y XIV). Después, ha sido escasa su aparición hasta el siglo XIX, en los que fue utilizado por los poetas románticos.
·         Pentadecasílabos:    15 sílabas.
·         Hexadecasílabos u octonarios:    16 sílabas.
·         Heptadecasílabos: 17 sílabas.
·         Octodecasílabos: 18 sílabas.
·         Eneadecasílabos: 19 sílabas.
El ritmo:       Es la repetición periódica de algo. En el verso se produce por la repetición periódica de pausas, de acentos, y de ciertos fonemas situados al final de cada verso.
                   En la literatura española, y en la mayoría de las literaturas de origen románico, el verso está basado en la existencia de cuatro ritmos, que no tienen porqué aparecer coexistiendo en el poema. La aparición o no de ellos depende, fundamentalmente, de los gustos del poeta y, fundamentalmente, de la época.
                   Estos cuatro ritmos están identificados con las cualidades del sonido, y son: el ritmo de cantidad, el ritmo de intensidad, el ritmo de tono y el ritmo de timbre.
El ritmo de cantidad:    Lo marca el número de silabas métricas que tiene un verso. La sílaba métrica no coincide siempre exactamente con la sílaba gramatical; la sílaba métrica es una unidad poética: la unidad del ritmo de cantidad, que puede estar constituida por alguna de las siguientes licencias poéticas:
·         Una sílaba gramatical.
·         Una sinalefa:    Dos sílabas gramaticales formando una sílaba métrica. Se produce cuando una palabra termina en vocal y la siguiente empieza por vocal; se cuenta como una sola sílaba, sean las vocales de abertura máxima, media o mínima. En principio la sinalefa se tiene siempre en cuenta, salvo que, por conveniencia del autor, no se considere la misma para salvaguardar la métrica armoniosa del verso.     Ej:    Mon-ta-ña al-ta.
·         La diéresis:       Ruptura de un diptongo y formación de un hiato, de tal manera que una sílaba gramatical se convierte en dos sílabas métricas. Debe indicarse gráficamente con la diéresis ortográfica.     Ej:    Sü-a-ve.
·         La sinéresis:        Conversión de un hiato en un diptongo. Mucho menos frecuente que la licencia anterior.    Ej:    Roe-dor.
·         Terminación aguda:    Si la última palabra del verso es aguda, se cuenta una sílaba métrica más.
·         Terminación esdrújula:    Si la última palabra del verso es esdrújula, se cuenta una sílaba métrica menos.
El ritmo de intensidad:    Lo marca los acentos prosádicos, o de intensidad, que aparecen en el verso. Tanto su número como su situación son variables, pero siempre ha de aparecer un acento de intensidad en la penúltima sílaba métrica, llamado acento estrófico. La posición que toman los demás acentos es menos regular, y éstos reciben diferentes nombres según su situación respecto al acento estrófico. Son de tres tipos:
·         Acentos rítmicos:    Si el acento estrófico coincide con una sílaba par, son rítmicos todos los acentos que vayan en sílaba par; y si el acento estrófico va en sílaba impar, son acentos rítmicos todos los acentos que vayan en sílabas impares.
·         Acentos extrarrítmicos:    Los acentos que no coinciden en el mismo tipo de sílaba (par o impar) que el acento estrófico.
·         Acentos antirrítmicos:    Son acentos antirrítmicos los que van en la sílaba inmediatamente anterior o posterior a un acento rítmico.
El ritmo de tono:    Lo marca la entonación de los grupos fónicos. La longitud de cada grupo fónico (y su significado) junto a las pausas determinan el tono de la estrofa. En la lengua española encuentran tres tipos básicos de entonación: ascendente, descendente y en suspensión. Referentes a las pausas, en la poesía española se distinguen tres tipos:
·         Pausa estrófica:    Se produce obligatoriamente al final de cada estrofa. Suele representarse con los siguientes símbolos: ///.
·         Pausa versal:    Se produce obligatoriamente al final de cada verso. Suele representarse con los siguientes símbolos: //. Una anomalía dentro de la pausa versal es la que produce el encabalgamiento. Éste se produce cuando se rompe una pausa versal para mantener la unidad sintáctica entre dos palabras (determinante-nombre, verbo-adverbio, adverbio-adjetivo, etc...) que deben decirse sin pausa entre ellas. En el caso de que se mantuviese la pausa versal, tendría que romperse dicha unidad sintáctica.
·         Pausa media:    Se produce en el interior del verso y puede aparecer o no. Suele representarse con el siguiente símbolo: /.
·         Pausa cesura:    Se da en el interior de un verso (siempre compuesto) y lo divide en dos parte iguales o no, de forma que cada una se comporta casi como un verso independiente. Quiere decir que las dos partes (llamadas hemistíqueos) se han de analizar en cuanto a los ritmos de cantidad, intensidad, tono y timbre, de forma independiente; no habrá sinalefa entre ellas, se contará una sílaba métrica más o menos según termine en palabra aguda o esdrújula, y podrá existir una rima interna. Por lo tanto la cesura, que en definitiva es un tipo especial de pausa media, por su valor rítmico equivale a una pausa versal, y como tal suele representarse con los símbolos: //.
El ritmo de timbre:    Lo marca la rima, que es la repetición total o parcial de ciertos fonemas al final de ciertos versos, a partir de la última vocal acentuada, o el acento estrófico. Existen dos tipos en la poesía española:
·         Rima consonante:    Donde sí son iguales todos los fonemas de dos o más versos, a partir de la última vocal acentuada. Se llama rima perfecta o total.
·         Rima asonante:    Donde sólo son iguales las vocales de dos o más versos a partir de la última vocal acentuada. Se llama rima imperfecta o parcial.
La estrofa:      Es el conjunto de dos o más versos cuyas rimas se distribuyen de un modo fijo. Es una unidad métrica superior al verso; se trata de una serie de versos con la misma estructura rítmica. La repetición de estrofas puede formar un poema.
El poema:    Es la obra literaria realizada totalmente en verso. Es la unidad poética superior en la que se manifiesta la idea o el sentimiento que el poeta quiere expresar. Puede estar formado por una o varias estrofas, o incluso estar construido por versos que no forman estrofas (poema no estrófico). Algunas veces una sola estrofa puede constituir un poema.


PRINCIPALES TIPOS DE ESTROFAS.

Los principales tipos de estrofas de la poesía española son los siguientes (la rima va señalada con letras mayúsculas si es verso de arte mayor, y con letra minúscula si es verso de arte menor):
Pareado:    Estrofa de dos versos, de arte mayor o menor, que riman entre sí, con rima consonante normalmente (AA, aa). Ambos versos no tienen porqué tener el mismo número de sílabas. Se han utilizado a lo largo de toda la historia de la literatura española; especialmente en refranes y sentencias. Al pareado compuesto por dos versos de arte menor se le denomina aleluya.
                                    Aunque la mona se vista de seda,            
                                    mona se queda.                                       
                                                                            (Iriarte)    
Terceto:     Combinación de tres versos endecasílabos que riman primero con tercero y queda suelto el segundo (ABA). Se suele presentar en series en la que este segundo verso suele rimar con el primero y tercero del terceto siguiente, y así sucesivamente  (ABA-BCB-CDC-DCDC), añadiéndose un verso final para cerrar este tipo de encadenamiento. Su procedencia es de Italia, y apareció en la poesía española en el Renacimiento.
                                    Yo quiero ser llorando el hortelano               
                                    de la tierra que ocupas y estercolas,             
                                    compañero del alma, tan temprano.           

                                    Alimentando lluvias, caracolas                    
                                    y órganos mi dolor sin instrumento,           
                                    a las desalentadas amapolas                       

                                    daré tu corazón por alimento.
                                    Tanto dolor se agrupa en mi costado,
                                    que por doler me duele hasta el aliento.

                                                           (Miguel Hernández) 

Tercetilla:  Es un terceto con versos de arte menor. Si la rima es asonante se llama Soledad o Solea.

                                    Muerto se quedó en la calle
                                    con un puñal en el pecho.
                                    No lo conocía nadie.

                                                            (Federico García Lorca)                   
Cuarteto:  Son cuatro versos endecasílabos, con rima consonante. Su esquema es ABBA. Llegó a España a mediados del siglo XVI.
                                    Una, dos, tres estrellas, veinte, ciento,
                                    mil, un millón, millares de millares,
                                    ¡válgame Dios, que tienen mis pesares
                                    su retrato en el alto firmamento!.

                                                        (Diego de Silva y Mendoza, conde de Salinas)                  
Redondilla:    Son cuatro versos octosílabos consonantes, con esquema igual al cuarteto.
                                    Un galán enamorado
                                    de mal de amores a muerto,
                                    y el efecto ha descubierto
                                    que era dolor de costado.
                                                        
                                                        (Alonso de Ledesma, de "En metáfora de sangría")
Serventesio:   Cuatro versos endecasílabos consonantes, con el esquema ABAB. Es una variante del cuarteto, de la misma época que él.
                                    Con varios ademanes horrorosos
                                    los montes de parir dieron señales:
                                    consintieron los hombres temerosos
                                    ver nacer los abortos más fatales.

                                                       (Félix María Samaniego)
Cuarteta:  Cuatro versos octosílabos consonantes con esquema igual al serventesio: ABAB.
                                    Y todo un coro infantil
                                    va cantando la lección:
                                    mil veces ciento, mil;
                                    mil veces mil, un millón.

                                                        (Antonio Machado)
Copla:         Estrofa de cuatro versos de arte menor (normalmente octosílabos), con rima asonante en los versos pares y quedan sueltos los versos impares.
                                    Deixo amigos por estaños,
                                    deixo a veiga polo mar,
                                    deixo, en fin. canto ben quero...
                                    ¡Quén pudera no o deixar...!

                                                        (Rosalía de Castro)
Seguidilla:    Estrofa de cuatro versos, dos heptasílabos (primero y tercero) y dos pentasílabos (segundo y cuarto), que riman alternos: el 1º y el 3º son heptasílabos, y el 2º y 4º pentasílabos. La rima es consonante o asonante en los versos pares (-a -a). La seguidilla se utiliza en la poesía española desde el siglo XI.
                                    Las mujeres y las flores
                                    son parecidas,
                                    mucha gala a los ojos
                                    y al tacto espina.

                                                        (José de Espronceda)

A veces, la seguidilla va seguida de tres versos más: el 1º y 3º pentasílabos asonantes, y el 2º heptasílabo suelto. A estos tres versos se les llama bordón, y al conjunto estrófico de los siete versos se le llama seguidilla con bordón.
                                    
                                    La cebolla es escarcha
                                    cerrada y pobre:
                                    escarcha de tus días
                                    y de mis noches.
                                    Hambre y cebolla:
                                    hielo negro y escarcha
                                    grande y redonda.

                                                          (Miguel Hernández)

Cuaderna Vía:    Son estrofas de cuatro versos alejandrinos aconsonantados (AAAA), utilizado principalmente por los poetas cultos del Mester de Clerecía en los siglos XIII y XIV. También se puede llamar Tetrástrofo Monorrimo.

                                    Era un simple clérigo, pobre de clerecía,
                                    dicié cutiano missa de la sancta María;
                                    non sabié decir otra, diciéla cada día,
                                    más la sabié por uso qe por sabiduría.

                                                            (Gonzalo de Berceo)

Quinteto:   Cinco versos de arte mayor consonantes, rimando a gusto del poeta, con las siguientes limitaciones.
·         No puede quedar ningún verso suelto.
·         No pueden rimar más de dos versos seguidos.
·         Los dos últimos versos no pueden formar un pareado.
                                    Marchando con su madre, Inés resbala,
                                    cae al suelo, se hiere, y disputando
                                    se hablan así después las dos llorando:
                                    - ¡Si no fueras tan mala! - No soy mala.
                                    - ¿Qué hacías al caer?. - Iba rezando.
                                
                                                                (Ramón de Campoamor)
Quintilla:    Es un quinteto de arte menor.
                                    Pasó un día y otro día,
                                    un mes y otro mes pasó,
                                    y un año pasado había;
                                    mas de Flandes no volvía
                                    Diego, que a Flandes partió.

                                                                (José Zorilla)
Lira:    Compuesta por cinco versos: 1º, 3º y 4º heptasílabos, 2º y 5º endecasílabos, rimando 1º con 3º y 2º con 4º y 5º (7a-11B-7a-7b-11B). Es de origen italiano; su nombre lo recibe del comienzo de la canción quinta de Garcilaso de la Vega "A la flor de Gnido". Fue muy utilizada en el Renacimiento.
                                    Si de mi baja lira
                                    tanto pudiese el son, que en su momento
                                    aplacase la ira
                                    del animoso viento
                                    y la furia del mar y el movimiento...

                                                                (Garcilaso de la Vega)
Copla de pie quebrado:    Compuesta por seis versos de arte menor, con rima consonante, y con la siguiente disposición: 8a-8b-4c-8a-8b-4c. Se le llama  pie quebrado al verso de cuatro sílabas. Este tipo de estrofa fue muy utilizada por Jorge Manrique (siglo XV), por lo que también es conocida como copla manriqueña. Ha sido utilizada en todas las épocas de la literatura española, sufriendo algunas variaciones en la distribución de las rimas y en la situación del pie quebrado. También puede recibir el nombre de sextilla.
                                    ¿Qué se hizieron las damas,
                                    sus tocados, sus vestidos,
                                    sus olores?.
                                    ¿Qué se hizieron las llamas
                                    de los fuegos encendidos
                                    de amadores?.

                                                                (Jorge Manrique)
Sexteto-lira:    También puede llamarse sexteto alirado, o lira de seis versos. Su disposición es 7a-11B-7a-11B-7c-11C.
                                    Suena tu blanda lira,
                                    Aristo, de las Ninfas tan amada,
                                    cuando Filis suspira,
                                    y en la grata armonía embelesada
                                    la tropa de pastores
                                    escucha los suavísimos amores.

                                                                (José Marchena)
Octava Real:    Formada por ocho versos endecasílabos, con rima alterna los seis primeros, y los dos últimos formando un pareado (ABABABCC). Su origen es italiano, y llego a nuestra literatura en el siglo XVI. También puede llamarse octava rima.
                                    ¡Pobre Teresa! Cuando ya tus ojos
                                    áridos ni una lágrima brotaban,
                                    cuando ya su color tus labios rojos
                                    en cárdenos matices cambiaban,
                                    cuando de tu dolor tristes despojos
                                    la vida y su ilusión te abandonaban
                                    y consumía lenta calentura
                                    tu corazón al par de tu amargura.

                                                                (José de Espronceda)
Octava Italiana:    Formada por ocho versos de arte mayor de rima consonante, rimando el 2º con el 3º, el 6º con el 7º, el 4º con el 8º (debiendo ser esta rima aguda), y quedan sueltos el 1º y 5º. Llegó a la poesía española en el siglo XVIII, procedente de Italia, y a lo largo de la historia ha sufrido variaciones tanto en el número de sílabas como en la distribución rítmica. También puede llamarse octava aguda.
                                    ¡Silencio! ¡En el misterio de las tumbas
                                    la eternidad esconde su destino!
                                    Húndete, pensamiento, en el mezquino
                                    lugar de corrupción.
                                    Tus atrevidas alas impotentes
                                    al alzarse aumentaron tu caída;
                                    confúndete, ya está desvanecida
                                    tu orgullosa ilusión.

                                                                    (Ángel María Dacarrete)
Octavilla italiana:    Ocho versos de arte menor, con la misma disposición que la octava italiana.
                                    Con diez cañones por banda,
                                    viento en popa, a toda vela,
                                    no corta el mar, sino vuela
                                    un velero bergantín;
                                    bajel pirata, que llaman,
                                    por su bravura "El Temido",
                                    en todo el mar conocido
                                    del uno al otro confín.

                                                                     (José de Espronceda)
Copla de arte mayor:    Compuesta por ocho versos dodecasílabos, con rima consonante dispuesta de la siguiente manera: ABBAACCA. Fue muy utilizada por el poeta Juan de Mena (siglo XV).
                                    Al muy prepotente don Juan el segundo,
                                    aquél con quien Júpiter tuvo tal zelo
                                    que tanta de parte le fizo del mundo
                                    quanta a sí mesmo se fizo del çielo;
                                    al grand rey d'España, al Çesar novelo,
                                    al que con Fortuna es bien fortunado,
                                    aquél en quien caben virtud e reinado;
                                    a él, la rodilla fincada por suelo,
                                    ...
                                                                        (Juan de Mena)
Décima o Espinela:    Llamada así su estructura fue fijada por el poeta Vicente Espinel (S. XVI-XVII). Consta de diez versos octosílabos consonantes, con el esquema ABBAACCDDC.
                                    ¿Dónde está ya el mediodía
                                    luminoso en que Gabriel
                                    desde el marco del dintel
                                    te saludó: -Ave María?.
                                    Virgen ya de la agonía,
                                    tu hijo es el que cruza ahí.
                                    Déjame hacer junto a ti
                                    ese augusto itinerario.
                                    Para ir al monte del Calvario
                                    cítame en Getsemaní.

                                                                           (Gerardo Diego)

POEMAS ESTRÓFICOS.

Determinadas combinaciones de los distintos tipos de estrofas, dan lugar a los poemas estróficos, de los cuales los principales son los siguientes:
Soneto:       Estrofa de catorce versos endecasílabos consonantes, compuesto por dos cuartetos con la misma rima (ABBA ABBA), y seis versos que suelen formar dos tercetos (CDC DCD), aunque puede adoptar otras combinaciones. Llegó a la poesía española en el siglo XV, procedente de Italia, y a partir de ese momento se ha utilizado; llegando a adoptar otras combinaciones y variaciones como el sonetillo (de arte menor), soneto con estrambote (añadiéndole algunos versos a los catorce señalados),...
                                    Cerrar podrá mis ojos la postrera
                                    sombra que me llevare el blanco día,
                                    y podrá desatar esta alma mía
                                    hora a su afán ansioso lisonjera;

                                    mas no, de esotra parte, en la ribera,
                                    dejará la memoria, en donde ardía:
                                    nadar sabe mi llama la agua fría,
                                    y perder el respeto a ley severa.

                                    Alma a quien todo un dios prisión ha sido,
                                    venas que humor a tanto fuego han dado,
                                    médulas que han gloriosamente ardido,

                                    su cuerpo dejará, no su cuidado;
                                    serán ceniza, mas tendrá sentido;
                                    polvo serán, mas polvo enamorado.
                                                            
                                                                               (Francisco de Quevedo)
                                                                                                                   
Canción:    Poema con una estructura compleja, que varía según el poeta y la época. Básicamente se trata de una combinación de versos heptasílabos y endecasílabos en estrofas, llamadas estancias; donde la distribución de la rima es a gusto del poeta, pero una vez fijada en la primera estrofa, ha de respetarla en todas las estancias siguientes. Su origen es italiano y llegó a la poesía española en el Renacimiento.

                                    Esto, Fabio, ¡ay dolor!, que ves ahora
                                    campos de soledad, mustio collado,
                                    fueron un tiempo Itálica famosa.
                                    Aquí de Cipïón la vencedora
                                    colonia fue. Por tierra derribado
                                    yace el temido honor de la espantosa
                                    muralla, y lastimosa
                                    reliquia es solamente.
                                    De su invencible gente
                                    sólo quedan memorias funerales,
                                    donde erraron ya sombras de alto ejemplo.
                                    Este llano fue plaza; allí fue templo;
                                    de todo apenas quedan señales.
                                    Del gimnasio y las termas regaladas
                                    leves vuelan cenizas desdichadas;
                                    las torres que desprecio al aire fueron
                                    a su gran pesadumbre se rindieron.
                    
                                                                                   (Rodrigo Caro)


Madrigal:    Es una canción más breve con carácter amoroso.

                                    Cubrir los bellos ojos
                                    con la mano que ya me tiene muerto,
                                    cautela fue por cierto,
                                    que ansí doblar pensastes mis enojos.
                                    Pero de tal cautela
                                    harto mayor ha sido el bien que el daño,
                                    que el resplandor extraño
                                    del sol se puede ver mientra se cela.
                                    Así que aunque pensastes
                                    cubrir vuestra beldad, única, inmensa,
                                    yo os perdono la ofensa,
                                    pues, cubiertos, mejor verlos dejastes.

                                                                                       (Gutierre de Cetina)


Poemas con estribillos:    Se trata de aquel poema donde uno o varios versos se repiten periódicamente, que llamamos estribillo. Existen diferentes tipos de estos poemas, pero los elementos comunes en todos ellos son: un estribillo inicial de dos a cuatro versos, que se van repitiendo total o parcialmente, una mudanza, copla o pie de cuatro versos o más, donde el último verso se llama verso de vuelta, y ha de rimar con el estribillo o con el verso de éste que se repita. Estos tipos de poemas se han utilizado desde la Edad Media hasta nuestro días.  Los principales poemas de esta clase son:

·         Zéjel:    Es de origen hispano árabe. Es una combinación para cantar que apareció en la España musulmana. Consta de tres a dos versos (estribillo inicial), cantado por el coro; tres versos monorrimos de arte menor (mudanza) y un cuarto verso (vuelta) que rima con el estribillo. Estos versos eran cantados por el solista. Son todos versos de arte menor, aconsonantados.
                            Que no cogeré yo verbena
                            la mañana de San Juan,
                            pues mis amores se van.

                            Que no cogeré yo claveles,
                            madreselvas ni mirabeles,
                            sino penas tan crueles
                            cual jamás se cogerán,
                            pues mis amores se van.
            
                                                                        (Anónimo)
·         Villancico:    Composición similar al zégel, incluso en algunas ocasiones confundido, que han quedado a lo largo de las épocas como denominación de un canto de carácter religioso y navideño. Consta de un estribillo inicial, mudanza y verso de vuelta. Son todos versos de octosílabos o heptasílabos, encadenados de la siguiente manera: un estribillo de tres o cuatro versos, un pie que consta de mudanza (una redondilla) ,y dos o tres versos de enlace que riman con el estribillo. Su estructura suele ser: a-b-b (estribillo) // c-d-d-c (mudanza) // c-b-b (enlace, vuelta con dos últimos versos del estribillo).
                            El perdido que es perdido,
                            por buscar a quien se pierde,
                            que se pierda, ¿qué se pierde?.

                            Que se pierda, que os perdáis,
                            niño, cuando vos queréis,
                            pues por ganarme os perdéis
                            y tan cierto me ganáis.
                            Si el tiempo tan bien gastáis
                            en buscar a quien se pierde,
                            que se pierda, ¿qué se pierde?.

                            ¿Qué se pierde (bien mirado)
                            si ha recoger ha venido
                            al más ganado perdido,
                            al más perdido ganado?.
                            Quien tan bien anda ocupado
                            en buscar a quien se pierde,
                            que se pierda, ¿qué se pierde?.

                                                                            (Alonso de Ledesma)
·         Letrilla:    Denominación que aparece en el Siglo de Oro para todos los poemas con estribillo. Tenía como principal característica su tono burlesco o satírico. Son todos versos de arte menor aconsonantados, con estructura similar al villancico -incluso en algunas ocasiones igual- donde el estribillo suele ser más breve (dos versos), y el pie más largo (llegando incluso a diez versos). Su estructura suele ser. a-a (estribillo) // b-c-c-b-b-a (pie) // a-a (dos últimos versos de estribillo) // d-e-e-d-d-a (pie) // a-a (dos últimos versos de estribillo) // ...
                            Poderoso caballero
                            es don Dinero.

                            Madre, yo al oro me humillo;
                            él es mi amante y mi amado,
                            pues, de puro enamorado,
                            de contino anda amarillo;
                            que pues, doblón o sencillo,
                            hace todo cuanto quiero,
                            poderoso caballero
                            es don Dinero.
                            ...

                                                                             (Francisco de Quevedo)
·         Glosa:    El tema suele ser expuesto en la primera estrofa (llamada texto) y desarrollado en las siguientes (llamadas glosa), repitiendo en éstas los versos de la primera. Son versos octosílabos aconsonantados, con la siguiente estructura, normalmente: a-b-b-a // c-d-c-d-c-a-e-a-e-a // f-g-f-g-f-b-h-b-h-b //...   ó    a-b-a-b // c-d-d-c-a-a-e-e-a // f-g-g-f-b-b-h-h-b // ...
                                      ¡ Si mi fue tornase a es
                                        sin esperar más será,
                                        o viniese el tiempo ya
                                        de lo que será después...!

                                        Al fin, como todo pasa,
                                        se pasó el bien que me dio
                                        Fortuna, un tiempo no escasa,
                                        y nunca me le volvió,
                                        ni abundante ni por tasa.
                                        Siglos ha ya que me ves,
                                        Fortuna, puesto a tus pies;
                                        vuélveme a ser venturoso;
                                        que será mi ser dichoso
                                        si mi fue tornase a es.

                                                                                (Miguel de Cervantes)  


Existen poemas cuya estructura no es la combinación de los distintos tipos de estrofas antes explicados, sino que tienen su propia estructura, sus características, y en sí forman un poema. Estos poemas son denominados poemas no estróficos, siendo los principales los que a continuación se especifican.

Romance:    Junto al soneto, es el tipo de poema más empleado en la poesía española. Consiste en una serie indeterminada de versos octosílabos, aconsonantados en los pares y sin rima los impares. Su utilización comenzó en el siglo XV, y su origen, parece ser, está en la partición que se hacía de los versos de arte mayor en los cantares de gesta medievales. Dependiendo del número de sílaba que componga sus versos toma otros nombres; así los de versos heptasílabos se llaman romance endecha, los de versos hexasílabos romancillo, y sin son  versos de arte mayor, romance heroico.

                                            En Santa Gadea de Burgos
                                            do juran los hijosdalgo,
                                            allí toma juramento
                                            el Cid al rey castellano,
                                            sobre un cerrojo de hierro
                                            y una ballesta de palo.
                                            ...
                                                                                   (Anónimo)

Silva:    Serie ilimitada de versos heptasílabos y endecasílabos consonantes, rimados a gusto del poeta, y en la que pueden aparecer versos sueltos. La única condición es que las rimas no esté muy separadas. Es de origen italiano, y comenzó su utilización en la poesía española en el siglo XVI.

                                            Pura, encendida rosa,
                                            émula de la llama
                                            que sale con el día.
                                            ¿Cómo naces tan llena de alegría,
                                            si sabes que la edad que te da el cielo
                                            es apenas un breve y veloz vuelo?.
                                            Y no valdrán las puntas de tu rama
                                            ni tu púrpura hermosa
                                            a detener un punto
                                            la ejecución del hado presurosa.

                                                                                    (F. de Rioja)

Versos sueltos:    Poemas donde aparecen todos los ritmos (cantidad, intensidad y tono), a excepción del ritmo del timbre, no tiene rima. Se comenzó a utilizar a partir del siglo XVI.

Versos libres:    Poemas sin ningún esquema métrico fijo, es decir, no aparece ninguno de los ritmos explicados. Este tipo de poemas se basa en otro tipo de ritmo (disposición de las palabras, estructura sintáctica, ...) que es único para cada poema. Es la estructura básica de la poesía del siglo XX.

Poemas necesarios


Oliverio Girondo (en Espantapájaros)




1
No se me importa un pito que las mujeres tengan los senos como magnolias o como pasas de higo; un cutis de durazno o de papel de lija. Le doy una importancia igual a cero, al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco o con un aliento insecticida. Soy perfectamente capaz de soportarles una nariz que sacaría el primer premio en una exposición de zanahorias; ¡pero eso sí! —y en esto soy irreductible— no les perdono, bajo ningún pretexto, que no sepan volar. Si no saben volar ¡pierden el tiempo las que pretendan seducirme!
Ésta fue —y no otra— la razón de que me enamorase, tan locamente, de María Luisa.
¿Qué me importaban sus labios por entregas y sus encelos sulfurosos? ¿Qué me importaban sus extremidades de palmípedo y sus miradas de pronóstico reservado?
¡María Luisa era una verdadera pluma!
Desde el amanecer volaba del dormitorio a la cocina, volaba del comedor a la despensa. Volando me preparaba el baño, la camisa. Volando realizaba sus compras, sus quehaceres.
¡Con qué impaciencia yo esperaba que volviese, volando, de algún paseo por los alrededores! Allí lejos, perdido entre las nubes, un puntito rosado. “¡María Luisa! ¡María Luisa!”... y a los pocos segundos, ya me abrazaba con sus piernas de pluma, para llevarme, volando, a cualquier parte.
Durante kilómetros de silencio planeábamos una caricia que nos aproximaba al paraíso; durante horas enteras nos anidábamos en una nube, como dos ángeles, y de repente, en tirabuzón, en hoja muerta, el aterrizaje forzoso de un espasmo.
¡Qué delicia la de tener una mujer tan ligera..., aunque nos haga ver, de vez en cuando, las estrellas! ¡Qué voluptuosidad la de pasarse los días entre las nubes la de pasarse las noches de un solo vuelo!
Después de conocer una mujer etérea, ¿puede brindarnos alguna clase de atractivos una mujer terrestre? ¿Verdad que no hay una diferencia sustancial entre vivir con una vaca o con una mujer que tenga las nalgas a setenta y ocho centímetros del suelo?
Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender la seducción de una mujer pedestre, y por más empeño que ponga en concebirlo, no me es posible ni tan siquiera imaginar que pueda hacerse el amor más que volando.



6


Mis nervios desafinan con la misma frecuencia que mis primas. Si por casualidad, cuando me acuesto, dejo de atarme a los barrotes de la cama, a los quince minutos me despierto, indefectiblemente, sobre el techo de mi ropero. En ese cuarto de hora, sin embargo, he tenido tiempo de estrangular a mis hermanos, de arrojarme a algún precipicio y de quedar colgado de las ramas de un espinillo.
Mi digestión inventa una cantidad de crustáceos, que se entretienen en perforarme el intestino. Desde la infancia, necesito que me desabrochen los tiradores, antes de sentarme en alguna parte, y es rarísimo que pueda sonarme la nariz sin encontrar en el pañuelo un cadáver de cucaracha.
Todavía, cuando llovizna, me duele la pierna que me amputaron hace tres años. Mi riñón derecho es un maní. Mi riñón izquierdo se encuentra en el museo de la Facultad de Medicina. Soy poliglota y tartamudo. He perdido, a la lotería, hasta las uñas de los pies, y en el instante de firmar mi acta matrimonial, me di cuenta que me había casado con una cacatúa.
Las márgenes de los libros no son capaces de encauzar mi aburrimiento y mi dolor. Hasta las ideas más optimistas toman un coche fúnebre para pasearse por mi cerebro. Me repugna el bostezo de las camas deshechas, no siento ninguna propensión por empollarle los senos a las mujeres y me enferma que los boticarios se equivoquen con tan poca frecuencia en los preparados de estricnina.
En estas condiciones, creo sinceramente que lo mejor es tragarse una cápsula de dinamita y encender, con toda tranquilidad, un cigarrillo.

7


¡Todo era amor... amor! No había nada más que amor. En todas partes se encontraba amor. No se podía hablar más que de amor.
Amor pasado por agua, a la vainilla, amor al portador, amor a plazos. Amor analizable, analizado. Amor ultramarino. Amor ecuestre.
Amor de cartón piedra, amor con leche... lleno de prevenciones, de preventivos; lleno de cortocircuitos, de cortapisas.
Amor con una gran M, con una M mayúscula, chorreado de merengue, cubierto de flores blancas...
Amor espermatozoico, esperantista. Amor desinfectado, amor untuoso...
Amor con sus accesorios, con sus repuestos; con sus faltas de puntualidad, de ortografía; con sus interrupciones cardíacas y telefónicas.
Amor que incendia el corazón de los orangutanes, de los bomberos. Amor que exalta el canto de las ranas bajo las ramas, que arranca los botones de los botines, que se alimenta de encelo y de ensalada.
Amor impostergable y amor impuesto. Amor, incandescente -y amor incauto. Amor indeformable. Amor desnudo. Amor-amor que es, simplemente, amor. Amor y amor... ¡y nada más que amor!


8


Yo no tengo una personalidad; yo soy un cocktail, un conglomerado, una manifestación de personalidades.
En mí, la personalidad es una especie de furunculosis anímica en estado crónico de erupción; no pasa media hora sin que me nazca una nueva personalidad.
Desde que estoy conmigo mismo, es tal la aglomeración de las que me rodean, que mi casa parece el consultorio de una quiromántica de moda. Hay personalidades en todas partes: en el vestíbulo, en el corredor, en la cocina, hasta en el W. C.
¡Imposible lograr un momento de tregua, de descanso! ¡Imposible saber cuál es la verdadera!
Aunque me veo forzado a convivir en la promiscuidad más absoluta con todas ellas, no me convenzo de que me pertenezcan.
¿Qué clase de contacto pueden tener conmigo —me pregunto— todas estas personalidades inconfesables, que harían ruborizar a un carnicero? ¿Habré de permitir que se me identifique, por ejemplo, con este pederasta marchito que no tuvo ni el coraje de realizarse, o con este cretinoide cuya sonrisa es capaz de congelar una locomotora?
El hecho de que se hospeden en mi cuerpo es suficiente, sin embargo, para enfermarse de indignación. Ya que no puedo ignorar su existencia, quisiera obligarlas a que se oculten en los repliegues más profundos de mi cerebro. Pero son de una petulancia... de un egoísmo... de una falta de tacto...
Hasta las personalidades más insignificantes se dan unos aires de trasatlántico. Todas, sin ninguna clase de excepción, se consideran con derecho a manifestar un desprecio olímpico por las otras, y naturalmente, hay peleas, conflictos de toda especie, discusiones que no terminan nunca. En vez de contemporizar, ya que tienen que vivir juntas, ¡pues no señor!, cada una pretende imponer su voluntad, sin tomar en cuenta las opiniones y los gustos de las demás. Si alguna tiene una ocurrencia, que me hace reír a carcajadas, en el acto sale cualquier otra, proponiéndome un paseíto al cementerio. Ni bien aquélla desea que me acueste con todas las mujeres de la ciudad, ésta se empeña en demostrarme las ventajas de la abstinencia, y mientras una abusa de la noche y no me deja dormir hasta la madrugada, la otra me despierta con el amanecer y exige que me levante junto con las gallinas.
Mi vida resulta así una preñez de posibilidades que no se realizan nunca, una explosión de fuerzas encontradas que se entrechocan y se destruyen mutuamente. El hecho de tomar la menor determinación me cuesta un tal cúmulo de dificultades, antes de cometer el acto más insignificante necesito poner tantas personalidades de acuerdo, que prefiero renunciar a cualquier cosa y esperar que se extenúen discutiendo lo que han de hacer con mi persona, para tener, al menos, la satisfacción de mandarlas a todas juntas a la mierda.

Los cuentos del profe


Martingala

No puede fallar. Es fácil, extremadamente sencillo. “Se trata siempre de ir a más, lo importante es tener resto, se entiende”. Claro que se entiende hay que empezar de a poco, como cuando se arma un ovillo, y después seguir hasta que se desenrolla la madeja.
El problema era juntar el capital, había que tener una base sólida sino uno terminaba saliendo del juego antes de tiempo. ¿Cuánto? Y unos cien mil, doscientos mil pesos. Si se contaba con medio millón mucho mejor. Él no tenía esa cifra. De tenerla no estaría pensando en cómo salvarse para siempre.
Negro el 11.Primera docena, otra vez. ¡Increíble! Siete veces seguidas, más cuatro de segunda… ya tenía que caer la tercera. A no ser que el groupier se estuviera dando cuenta. En algún momento tenía que llegar.
La idea no lo abandonaba, esto no era como comprar un billete de lotería, porque esto no podía fallar, era lógica pura. “Se entiende, es ir a más, como si a uno no le importara perder. Lo que pasa es que a uno no le importa porque sabe que no se puede perder salvo parcialmente…”
Había que armar un plan. Su esposa no lo iba a apoyar, además de saberlo ella llamaría por teléfono, preguntaría, querría saber, tener precisiones. Ella también soñaba con una cosa así, ganar uno, dos, tres millones. “Uno no sabe cuan grande es el paquete, llegado a un punto se trata de intuición pura”.
Colorado el 35. Iba a caer, no más. Iba a caer. Ahora estaba frente a un verdadero problema. Había hecho todo tal como estaba planeado. Comenzó con una ficha de 20 pesos, y fue multiplicado por dos su apuesta once veces. Ahora que había caído tercera docena era como si hubiera ganado todas las manos. “Se entiende, no se puede perder. No sale, no importa, duplicás tu apuesta como si hubieras ganado. En la vuelta siguiente apostás tres fichas. No sale, no importa, en la siguiente apostás nueve, y así. Cuando cae es como si hubieras ganado siempre”. Esa mano con el colorado el 35, partiendo de 20 pesos y tras once manos en contra, fue como si ganará siempre le pagaron casi ciento noventa mil pesos. Hubo aplausos, sin embargo parecía no inmutarse.
Lo más importante era planificar todo el desarrollo, los sorprendidos deberían ser los otros, no él. No podía dejar nada librado al azar. Se aparecería con la plata, a montones y escucharía las preguntas ¿robaste un banco? ¿te lo encontraste? ¿en qué estás metido? Pero eso no era lo importante, porque el respondería con evasivas y después la plata todo lo consigue.
Su vida no era mala, era gris. Lo común. Un buen trabajo, una familia, un autito, vacaciones de quince días al año. No estaba mal, pero él soñaba en silencio con otra cosa. Con algo grande. Durante un tiempo pensó en dedicarse a hacer algo con lo que pudiera ganar notoriedad, algo que lo cubriera de gloria. Cuando paso el tiempo fue perdiendo las esperanzas, hasta que escuchó al tipo en el bar, que hablaba con su amigo y explicaba el procedimiento para hacer saltar la banca, “es seguro, no falla, ni acá ni en Las Vegas, es matemática pura…”
El tipo seguramente no tenía los cojones suficientes como para llevar adelante el plan, por eso seguía dándoles vuelta al asunto enfundado en un pullover gastado. Él en cambio lo haría.
Ahora tenía que dejar su apuesta, no cobrarla, esto era difícil. Ese era el plan, no podía tocar nada hasta no tener una base de quinientos mil pesos. Después se iría a comer como si nada, volvería a jugar por la tarde pero en otro casino y volvería a empezar, pero con la plata de la hipoteca a salvo. “No va más…”
Dedicó cada rato libre, cada café, cada excursión al baño para construirlo todo. Cuando fue al banco a hipotecar su casa, que era la casa de sus viejos, la casa en la que había crecido y en la que crecían sus hijos, el corazón latió aceleradamente. “Veinte años al 28% anual, un capital de doscientos mil pesos… señor usted debe afrontar una cuota mensual de entre 2500 y 3000 pesos…” El ganaba cinco lucas, no podía pagar esa suma, pero que importaba, devolvía todo en una cuota y listo, “por cancelación anticipada se descuentan intereses sobre capital tomando como referencia la tasa de…”
Él ya pensaba en cómo falsificar el recibo de sueldo. Cómo sacar la escritura sin que nadie lo note, dónde poner la plata hasta que pudiera viajar. Todo eso era lo más difícil, el resto era un trámite. No podía fallar.
Hubo un murmullo, el ruido de la bolilla que tintineaba y tuvo la sensación de que todo el mundo podía escuchar los latidos de su corazón, que a esa altura era un máquina a vapor desbocada. Después cuando la bolilla cayó el silencio fue atroz. “Negro el veintiséis” Los aplausos volaron los cuatro rincones. Había ganado más de seiscientos mil pesos. Era tiempo de tomar un descanso, de retirar lo que no le pertenecía y volver a empezar. Sin embargo sintió que quedaba mucho hilo en la madeja.
¿Si fallaba? Saltaba por la ventana, qué se yo. Se iba a trabajar de mozo los sábados y domingos como cuando nació Lucía, de algún roto se armaría un descosido.
Cuando todo estuvo listo, cuando tuvo la plata de la hipoteca, pidió el día en el trabajo, Salió de su casa como todas las mañanas. Se despidió de su esposa con un beso, llevó a la nena al colegio, y agarró la autopista pero en ver de bajar en la avenida Entre Ríos, siguió derecho hasta la autopista del sur, empalmó con la ruta dos. Al mediodía estaba en Mar del Plata. Para hacer las cosas, había que hacerlas bien. Se alojó en el hotel del casino. Se baño, se puso ropa cómoda, bajo con el maletín con doscientos mil pesos y fue a la caja a cambiarlo por fichas. Después eligió una mesa. Se sintió como César ante el Rubicum “alia iacta est”, pensó.
Nadie podrá nunca saber por qué lo cierto es que improvisó sobre la marcha y no sólo dejó sobre la tercera docena todo lo ganado, sino que además volcó sobre el 33 los cientoypico miles de pesos que le quedaban. Era todo o nada, su destino se resolvería en poco más de un minuto. La sorpresa atrajo a todos los que rondaban el lugar, se sintió bajo un haz de luz cegador y creyó que probablemente de ese modo se sentirían las estrellas de rock antes de comenzar un recital, que así se sentiría un condenado a muerte frente a un pelotón, un científico al descubrir lo que nunca nadie antes había notado.
Mientras la bola rodaba y el groupier gritaba que no se recibían más apuestas pensó en su hija, su esposa, su trabajo, su padre, su casa, su vida entera se le agolpó en las sienes.
---------------------------------
Subió a la habitación con paso lento. Con la tarjeta magnética abrió la puerta. Sobre la cama había un bombón y un bouquet floral. A los pies, en un puf una canasta de frutas que no recordaba haber pedido, ni haber visto antes. Apoyo los maletines en el suelo, primero, en la cama después. Se acercó a la ventana, la abrió de par en par y un aire de salitre le inundó los pulmones. Estaba en el séptimo piso, tuvo vértigo y temor.
Cerró los ojos, se escuchaban las respiraciones agitadas de quienes nada habían arriesgado, de quienes nunca se habían animado. Era una cuenta regresiva hacia el cielo o el infierno, era un punto sin retorno, pudo sentir la sangre inundando cada vaso capilar y una retracción general, contuvo su respiración y después ya no tuvo un registro claro de lo que sucedió.
Las exclamaciones y los aplausos volaron como cuervos por todo el salón, acompasando el grito del groupier: “Colorado el 33”. Él ya no era él, no era el de antes, no volvería a serlo, sabía que no podía fallar, eso lo había sabido siempre, pero esto no se lo esperaba. Sintió la envidia, la codicia, el deseo, la ambición, el ruido de las fichas por algo más de seis millones de pesos y respiró profundo. Lo había hecho, por una vez lo había conseguido.


Cuando sonó el teléfono en su casa la que atendió fue la esposa. Ella temía algo malo, no se había podido comunicar durante todo el día al celular de su marido, pero nunca imaginó lo que desde el otro lado del auricular tenían para decirle. El cuerpo de su marido yacía en la avenida costanera en Mar del Plata, en su habitación, sobre la cama dormían más de seis millones de pesos y una nota con letra desprolija pidiendo perdón.
Ella no comprendió nada en ese momento y no lo comprende aún hoy, yo tampoco lo entiendo. Quisiera saber qué paso por la mente de ese hombre antes de saltar al vacio, después de vencer al vétigo y al temor, quisiera saber si se creyó inmortal, todo poderoso, o si por el contrario abrumado por su finitud supo que ya el destino no le depararía ninguna martingala con que vencerlo.

Sergio García
(Noviembre de 2009)